Mujeres en la ciencia: "Cuando los computadores usaban falda"

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Muchas mujeres dejaron su marca en la evolución de la ciencia, la tecnología y la sociedad. Pocas fueron reconocidas. Conozca la huella de brillantes mujeres que continuan inspirando la búsqueda de un futuro con más y mejores oportunidades para todos.


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En abril de este año, la bióloga brasilera Fernanda Werneck - quien estudia los efectos del cambio climático en reptiles en el Instituto Nacional de Investigaciones de la Amazonía (INPA) - recibió un premio nacional para mujeres en la ciencia, concedido por la Fundación L’Oréal y la Organización de las Naciones Unidas para la Educación (UNESCO). De igual manera, a lo largo de la historia muchas mujeres se han destacado en todas las ramas de la ciencia. En la biología, Rosalind Franklin ayudó a comprender la estructura del ADN; Marie Curie ganó dos Premios Nobel, uno en química y otro en física; Gertrude Bell Elion recibió el Premio Nobel de Medicina y ayudó a desarrollar medicamentos para tratar enfermedades como el SIDA y la malaria.

Aun así, solamente el 3% de los Premios Nobel en el área científica han sido otorgados a mujeres y, de hecho, la historia revela que algunas científicas nunca recibieron el crédito por las investigaciones que desarrollaron. Ese es el caso de las científicas negras Katherine Johnson, Dorothy Vaughan y Mary Jackson quienes fueron las principales responsables de los cálculos matemáticos para llevar al hombre al espacio y a la luna. Aunque realizaron la mayor parte del trabajo, no obtuvieron reconocimiento en su época. Mujeres, principalmente negras, fueron los primeros computadores de la Administración Nacional de la Aeronáutica y del Espacio (NASA – por sus siglas en inglés) en la década de 1930. Estas mujeres se consideraban más atentas al detalle y – lo más importante – podían recibir salarios significativamente más bajos por realizar el mismo trabajo que sus colegas hombres.

Si tenemos en cuenta la historia de la ciencia, las mujeres tardaron en ingresar a escuelas y universidades, y aún hoy enfrentan dificultades. En América Latina, la participación de las mujeres en instituciones de enseñanza superior creció de forma significativa únicamente a partir de la década de 1980 y hoy representan la mayoría. De acuerdo con datos del Instituto Nacional de Investigaciones Científicas (CNPq – por sus siglas en portugués), en Brasil el 49% de las investigaciones científicas publicadas es producido por mujeres, pero el porcentaje es menor al considerar las ciencias exactas. A pesar de que el mayor número de becas de iniciación científica (59%) es concedido a mujeres, ellas sólo reciben el 24,2% de las becas destinadas a investigadores destacados, tales como las becas de productividad. Eso significa que aún con el crecimiento de la participación de las mujeres en la ciencia, las posibilidades de tener éxito y reconocimiento son bajas. Cuanto mayor es el nivel jerárquico académico, menor es la participación de las mujeres.

Ese escenario no es exclusivo de Brasil. De acuerdo a una investigación realizada por The Boston Consulting Group en 2014, sólo el 30% de los científicos de todo el mundo son mujeres. En América Latina y el Caribe, el promedio llega al 45%, pero la mayoría ocupa la base de los cargos científicos. Uno de los factores que dificultan el ingreso de las mujeres en el área científica es la falta de incentivos en la escuela, lo que resulta de procesos culturales y estereotipos de género que las hacen sentir incapaces. En ese sentido, la presencia de profesores mentores es fundamental en la elección de la carrera científica. En 2008, un estudio publicado en la revista científica Harvard Business Review mostró que un 52% de las mujeres desisten de carreras científicas, ingenierías y tecnologías, principalmente en torno de los 30 años de edad. Una de las explicaciones a este fenómeno es los turnos dobles de trabajo que las mujeres enfrentan, intentando conciliar largas horas de investigación con viajes, labores domésticas y con la maternidad. Además, normalmente las investigadoras son más severamente juzgadas por sus elecciones personales – como casarse o tener hijos – y no reciben incentivos cuando son madres.

En este contexto, el Senado Brasilero y la Empresa Brasilera de Investigación Agropecuaria (Embrapa), debatieron en abril de este año (27/04) la participación de la mujer en la ciencia y los obstáculos que las mujeres enfrentan en el ascenso académico. Además, para incentivar y reconocer el aporte de las mujeres en la ciencia, están abiertas las inscripciones para participar de la versión 2018 del premio internacional For Woman in Science. Aunque la tendencia es a que las mujeres ocupen cada vez más papeles destacados, se necesitan estímulos y cambios en la legislación. Es indispensable reconocer que aún existe gran discrepancia entre hombres y mujeres en esa área, y comprender las causas de esa realidad. La contribución femenina a la ciencia comenzó mucho antes de existir el Día Internacional de la Mujer o los movimientos feministas. Muchas mujeres dejaron su marca en la evolución de la ciencia y de la sociedad, pero pocas fueron reconocidas.

Científicas NASA

Hoy, la NASA reconoce el importante papel que las “mujeres computadores” tuvieron en el desarrollo de la ciencia y la tecnología. En 2015, Katherine Johnson recibió de manos del expresidente Barack Obama la Medalla Presidencial de la Libertad, la mayor condecoración civil de EUA. Las investigadoras negras fueron los cerebros detrás de las operaciones que hicieron posible que un hombre fuera al espacio y orbitara alrededor de la tierra. Mantenemos la esperanza de motivar a otras mujeres para que sigan los brillantes pasos de esas científicas, e invitamos a nuestra generación a romper las barreras racistas y sexistas que aún limitan el papel de las mujeres en la ciencia. ¡El camino aún es largo, pero no podemos desistir!

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Bióloga con doctorado en Ecología de la Universidad Estadual de Maringá (PEA/UEM). Considero que sólo a través de la socialización del conocimiento podremos alcanzar una sociedad más justa. Tengo grandes y diversos sueños, uno de ellos es creer que la educación amplía las las almas y recrea los horizontes ¡la palanca del cambio social!

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