Cooperación, agroecología y lucha por la tierra: construcciones colectivas que generan solidaridad


Una forma de agricultura familiar y sustentable, que integra aspectos sociales, políticos, culturales, ambientales y éticos, está siendo desarrollada por residentes del municipio de Paranacity (PR), en el sur de Brasil.

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Cristina Sturmer Dos Santos

emailcristinasturmer@gmail.com

Agricultora y Economista. Es colaboradora del Centro de Estudios en Cooperación (NECOOP-UFFS Laranjeiras do Sul) y trabaja en la Cooperativa de Producción Agrícola de Vitória (COPAVI) vinculada al Movimiento de Trabajadores Rurales Sin Tierra (MST).



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Esclavos cortando la caña de azúcar

La caña de azúcar en la historia de Brasil ha dejado una huella de explotación de la naturaleza y del trabajo en los territorios donde aún se practica este cultivo. Estas marcas van desde los primeros momentos de la invasión, representada por los molinos que devastaron áreas de bosque y utilizaron mano de obra esclava, hasta el siglo XXI cuando los grandes conglomerados de los ingenios azucareros continúan explotando a las trabajadoras y trabajadores, empobreciendo las economías y la biodiversidad de los lugares donde se instalaron. 

Mapa de ruta entre Paranacity y Rio Bonito do Iguaçu

Sin embargo, el significado de esta planta va más allá en el asentamiento de Santa María, en Paranacity (Estado de Paraná) al sur de Brasil, en donde el cultivo de la caña de azúcar es organizado y administrado colectivamente por la Cooperativa de Producción Agropecuaria Vitória (COPAVI), así, como otras iniciativas del Movimiento de Trabajadores Rurales Sin Tierra (MST). En Brasil, desde 1993, COPAVI modificó el espacio para que las familias conquistaran tierras para producir y construir sus proyectos de vida. Cuando los trabajadores llegaron a este territorio, en 1992, este estaba abandonado, la tierra degradada, el paisaje sin bosque o árboles a las orillas del arroyo y el suelo cubierto de caña. Con el establecimiento del asentamiento, un lugar que antes generaba ingresos para una sola familia y no tenía función ecológica, se convirtió en el escenario de la producción y vida de 22 familias. A través de actividades agrícolas y agroindustriales, estas familias comenzaron a generar ingresos y empleos para el municipio de Paranacity, además de ser un lugar reforestado, con reservas y refugio para la biodiversidad.

Consorcio de caña

COPAVI está vinculada al MST, que es un movimiento social creado en 1984 que lucha por la tierra y la justicia social. Este movimiento social surgió como resistencia por parte de campesinas, campesinos y otros sujetos históricamente excluidos y reprimidos por los sistemas de capital. Las fuerzas que crearon y sostienen el MST son el resultado de la acumulación de luchas del pueblo brasileño que nunca ha aceptado pasivamente las opresiones y privaciones que sufre.

Con esta esencia de resistencia y transformación, cuando el MST organiza a las personas para ocupar un espacio, el movimiento transforma profundamente ese lugar que antes no cumplía con su función social, la de ser una tierra productiva que respeta las leyes ambientales y laborales. Imagine miles de granjas en decenas de hectáreas que se parcelan y albergan a personas que finalmente tienen un espacio para producir y vivir. 

Esta dinámica del funcionamiento de la reforma agraria tiene la capacidad de generar efectos socioeconómicos multiplicadores y de generar más empleos e ingresos, cambios tecnológicos, nuevas relaciones sociales y políticas en los territorios. Ya se han realizado varios estudios para investigar tales efectos. Mi trabajo de grado en Ciencias Económicas, es uno de ellos. En él propuse investigar el impacto socioeconómico de los asentamientos de reforma agraria organizados por el MST en el municipio de Rio Bonito do Iguaçu (Paraná). En este pequeño municipio, en los años 1997 y 1998, 1530 familias sin tierra se instalaron en dos grandes asentamientos. Observando los datos disponibles en las bases de datos oficiales (censos demográficos y agropecuarios), fue posible enumerar varias modificaciones como el aumento de la población en un 139% de 1991 a 2000, la diversificación de cultivos temporales y el aumento de la ganadería lechera, que pasó de 1.561.097 litros de leche producidos en 1995 y 1996 a 15.691.000 litros en 2006. Estos datos ilustran una pequeña parte del potencial que la política pública de ataque a las desigualdades estructurales, como la concentración de la tierra en Brasil, puede promover dentro de un espacio. 

Las 232 hectáreas del asentamiento en Paranacity están certificadas como agroecológicas, así como la producción de frutas y hortalizas, los derivados de la caña de azúcar y del ganado lechero. COPAVI es parte del Núcleo Campesino Liberación por la Red Ecovida de Agroecología, y su producción de panela y aguardiente está certificada por la Asociación de Certificación Instituto Biodinámico (IBD) para exportación a la Unión Europea. Anualmente, de este agroecosistema salen 400 toneladas de panela, 35 toneladas de melaza, 15 mil litros de aguardiente, 75 mil litros de leche orgánica, 30 toneladas de frutas y verduras, y otros productos diversos para el autoconsumo de las familias, además de los servicios ambientales que produce la unidad de producción colectiva conservando agua, plantando árboles y protegiendo la biodiversidad.

Cría de animales

 En los casi 30 años de construcción colectiva de COPAVI, la organización social del trabajo y la vida ha ido mejorando, siempre enfocada en la democracia y la división del trabajo. Existe una Asamblea General donde se toman las decisiones generales, un Consejo Fiscal que vigila las actividades contables, administrativas, financieras y productivas de todo el asentamiento, y un Consejo Deliberativo que se encarga de la tramitación de las cuestiones rutinarias de asentamiento. Los trabajos se organizan en tres sectores con su respectiva coordinación y actividades productivas: (i) el sector de apoyo que coordina las actividades de panadería y cafetería, comercio, ciranda y administrativo; (ii) el sector de la caña de azúcar que abarca la agricultura y la industria; (iii) el sector de medios de vida, con actividades de producción de hortalizas, ganadería, leche y aves de corral.

Diversidad de Produtos

Otras características del sistema de producción propuesto permiten la construcción de relaciones humanas más saludables que dan espacio a mujeres y jóvenes para canalizar sus deseos dentro de la Cooperativa. En su trayectoria, COPAVI ha consolidado una base social de mujeres y jóvenes que actualmente alcanza el 60% del grupo de socios y trabajadores, y que son sujetos activos en el ámbito de la empresa económica y la política de asentamientos. Tal acción no ocurre sin los obstáculos estructurales producidos por el machismo y el racismo, que impregnan la forma en que actuamos unos con otros y con nosotros mismos. Sin embargo, vale la pena enfatizar el afrontamiento a estos comportamientos lo que contribuye a que estos órganos ocupen posiciones de liderazgo y decisión.

La agroecología, además de otras relaciones productivas, permite articulaciones y experiencias para construir percepciones del mundo enfocadas en colocar otros valores y relaciones humano-naturaleza. Es posible producir de una manera que no destruya las poblaciones humanas ni la biodiversidad. COPAVI es parte de varios movimientos que realizan personas marginadas por los movimientos de explotación de capitales. No debemos olvidar que la forma en que el capitalismo se organizó y se produce hoy en día, no nos permite alimentar a las poblaciones del mundo. La humanidad ha alcanzado niveles considerables de conocimiento tecnológico y uso de recursos. Sin embargo, debido a que las desigualdades históricamente producidas dentro del capitalismo siguen presentes, datos y escenarios cotidianos de miseria y hambre pueden ser contemplados por cualquier mirada atenta en los distintos territorios de Brasil y del mundo. Sin embargo, podemos y debemos alimentar al mundo construyendo otro proyecto político, técnico y de valores que aborde esta desigualdad social y económica.

Confraternización

A lo largo del año 2020, definido por la pandemia COVID-19 y la necesidad de aislamiento social, el MST convocó a toda su base de asentamientos y campamentos para acciones solidarias a favor de poblaciones vulnerables. A fines de 2020, más de 200 mil vidas fueron interrumpidas en Brasil por los efectos de la COVID-19 y el abandono del estado, que no ha adoptado una política de garantía de salud pública, ni acciones que permitan a los más necesitados acceder a las condiciones mínimas para alimentarse y protegerse de la infección por el virus. Con esta motivación, desde marzo de 2020, vemos en Brasil camiones y más camiones con comida de familias, cooperativas y asociaciones vinculadas al MST, ir a las periferias de ciudades, pueblos indígenas, ocupaciones urbanas y otros lugares donde se ubican las bases del MST, para ayudar a alimentar a las familias vulnerables con comida de calidad. 

Donación

Con su creatividad y voluntad, las familias “Sin Tierra” le dieron a Brasil una demostración de ciudadanía y compromiso con el desarrollo del país. Tener una alimentación de calidad aumenta la inmunidad y permite atravesar este período de privación y tensión con más fuerza. El sentimiento que queda de todo este proceso es que incluso en un período donde las manifestaciones de odio e individualismo que se destacan en las noticias todos los días, todavía existen la posibilidad de construir lazos a través de la solidaridad y la resistencia activa. La oposición a la violencia de la sociedad se puede practicar desde la construcción concreta contra la hegemonía, basada en el respeto a la naturaleza, en el cultivo de relaciones que humanizan y en el ataque diario a los comportamientos que hacen oprimir las personas que son diferentes. Este es un proceso complejo y lleno de desafíos que hay que afrontar con procesos colectivos, pero hay que mantener el horizonte, al fin y al cabo, podemos y debemos avanzar hacia la transformación.


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Mirtha Amanda Angulo Valencia

emailmirtha.angulo@revistabioika.org

Bióloga de la Universidad del Cauca (Colombia). Estudiante de Doctorado en Ciencias Ambientales en la Universidad Estadual de Maringá (Brasil). Creo que la socialización de los estudios ecológicos, puede ayudarnos a crear conciencia de la importancia de nuestros recursos naturales y de esa forma garantizar su cuidado y preservación.

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Ángela Gutiérrez C

emailangela.gutierrez@revistabioika.org

De acuerdo con mi formación en la educación pública, creo en la necesidad de hacer accesible a todos, los resultados de las investigaciones científicas. Que se hace? Para que sirve? Como puedo contribuir? Pienso que el trabajo multidisciplinario es la clave para proponer soluciones en pro de una sociedad justa, sustentable y equitativa.

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David González

emaildavid.gonzalez@revistabioika.org

Publicista, fan del lenguaje escrito y audiovisual. Creo que la ciencia, la tecnología, el arte y la comunicación tienen el poder de crear bienestar, toda vez que estén al servicio de la cultura, el cuidado del entorno y las causas más generosas.

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Gabriela Doria

emailgabrieladoria@revistabioika.org

Soy bióloga/botánica apasionada por las plantas y el conocimiento de la naturaleza. Doctora en Ciencias de las Plantas en la Universidad de Cambridge. Tan importante como desarrollar investigación de alta calidad es fomentar la curiosidad científica y el disfrute razonable de la naturaleza en la sociedad.

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Rafael Franco Ferreira

emailrafaelfferreira1987@revistabioika.org

Físico y estudiante de doctorado en Física en la Universidad Estadual de Maringá (Brasil). Como entusiasta de la ciencia y la filosofía, creo que el conocimiento transforma el individuo y su cultura. Pienso que la socialización de las ciencias contribuye a crear una sociedad más crítica, justa e independiente de sus gobernantes.


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