¿Es posible una soberanía alimentaria?

El hambre en el mundo ha aumentado desde 2014. Una reflexión sobre el papel de los campesinos en la conquista de la soberanía alimentaria.

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Rossember Saldana Escorcia

emailrossember21@gmail.com

Estudiante de ingeniería ambiental y sanitaria de la Universidad Popular del Cesar, (Aguachica, Colombia). Participo en investigación en gestión ambiental y desarrollo humano sostenible, específicamente en biodiversidad, gestión del recurso hídrico y calidad del agua, entre otros. Actualmente estoy interesado en proyectos de identificación de especies forestales de bosque seco tropical con potencial de recuperación de cuencas hídricas, recarga hídrica en humedales de la zona y la evaluación de sus servicios ambientales. Me inclino por temáticas que aborden el manejo y la importancia de los humedales en nuestro territorio megadiverso.



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¿Es posible una soberanía alimentaria?

 La alimentación es un derecho humano ratificado en múltiples acuerdos y declaraciones internacionales, tales como el Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales; la Declaración Universal de Derechos Humanos y, por último, en la Observación General del Comité de Derechos Económicos, Sociales y Culturales1. Y aunque diversas constituciones políticas consagran dicho derecho, millones de personas sufren hambre y desnutrición, una situación que ha sido agudizada por el surgimiento de la pandemia de COVID-192.

Con resultados muy limitados pero notorios, la discusión en la esfera política muchas veces se limita a ver la problemática alimentaria de manera individual y no como un conjunto de factores que interactúan entre sí, tales como, la pobreza, el hambre, la desnutrición, la desigualdad, la educación, el cambio climático y la destrucción de la naturaleza. El resultado es que la crisis alimentaria está alcanzando nuevas dimensiones.

Se espera que la población mundial llegue los 8.500 millones en 2030 dando como resultado un aumento de personas padeciendo hambruna en diversas partes del mundo. Un estudio realizado en conjunto por la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) y la Organización Mundial de la Salud (OMS), entre otros, estimó que para el 2030 casi 67 millones de personas se verían afectadas por la crisis alimentaria en América Latina y el Caribe. Semejante escenario es posible a pesar de que la lucha contra el hambre es un objetivo actual en los acuerdos políticos globales hacia el desarrollo sostenible3.

En las últimas décadas, las organizaciones a nivel internacional han entrado en estado de alerta por las limitaciones de los modelos de producción, que impiden garantizar el derecho a una buena alimentación. En respuesta a esto, han propuesto un nuevo modelo de soberanía que busca rediseñar los sistemas de producción actuales. Micarelli4 señala que la seguridad alimentaria se ha centrado en la disponibilidad y el acceso a los alimentos, pero que lo ideal sería tener en cuenta quiénes y cómo se producen los alimentos con el fin de garantizar una soberanía alimentaria en los territorios.

Pero algunos países desconocen el importante papel que tienen los agricultores y campesinos, a pesar de ser estos quienes poseen el conocimiento para gestionar los sistemas de producción de alimentos. Hoy los agricultores se ven afectados por el aumento de los impuestos y la firma de tratados de libre comercio que llenan los mercados nacionales con productos importados de países desarrollados, hecho que amenaza la sostenibilidad de la agricultura tradicional interna de países productores, poniendo en riesgo su soberanía alimentaria e incidiendo en la crisis alimentaria que afecta al mundo.

Campesino cultivando cacao

El objetivo de la soberanía alimentaria debería ir más allá del acceso a los alimentos y adoptar un nuevo enfoque del problema mundial de la alimentación5, ya que esta debe representar, o más bien, priorizar la producción agrícola interna para alimentar a la población. Para tal fin se necesita el respaldado de los entes gubernamentales. Que sean estos los responsables de la articulación de las políticas establecidas en los planes de desarrollo, en lo posible con un enfoque en su diversidad geográfica y cultural, porque en el campo es donde está la oportunidad de generar el alimento que requiere nuestra sociedad.

La situación actual es desalentadora y podría ser peor en los países en desarrollo, pues estos buscan un avance industrial que trae consigo múltiples efectos que agravan la crisis alimentaria interna. Y al mismo tiempo, las políticas están centradas en una doctrina económica que deja de lado el desarrollo agrícola y a su vez regula la libertad política agraria, lo que conlleva a la pérdida de la facultad de los pueblos de producir sus alimentos y mina su soberanía alimentaria.

Más información en:

  1. Maria Alejandra Ramírez Galvis, M. A. 2019. Vivir sin hambre en Colombia. El derecho humano a la alimentación desde una perspectiva de soberanía alimentaria en Colombia [Universidad Santo Tomás]. https://repository.usta.edu.co/handle/11634/17585
  2. Christoph Hasselbach. 2020. COVID-19 agudiza el hambre en el mundo. El Mundo. https://www.dw.com/es/covid-19-agudiza-el-hambre-en-el-mundo/a-55250116
  3. FAO. 2020. ONU: El hambre en América Latina y el Caribe podría afectar a casi 67 millones de personas en 2030. Organización de Naciones Unidas Para La Alimentación y La Agricultura. http://www.fao.org/americas/noticias/ver/es/c/1297774/
  4. Giovanna Micarelli. 2018. Soberanía alimentaria y otras soberanías: el valor de los bienes comunes. Revista Colombiana de Antropología, 54(2), 119–142.
  5. José Luis Carmona Silva, Lizbeth Sánchez Flores, José Aurelio Cruz De los Ángeles, R. S. 2020. ¿Es posible una soberanía alimentaria en México? RICSH Revista Iberoamericana de Las Ciencias Sociales y Humanísticas, 9(18), 40–69. https://doi.org/10.23913/ricsh.v9i18.210

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Oscar Pelaez

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Biólogo, Magíster en Ciencias Ambientales y Doctor en Ciencias. Trabaja en el área de investigación en ecología, con énfasis en ecología de peces, diversidad funcional y filogenética.

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Ángela Gutiérrez C

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De acuerdo con mi formación en la educación pública, creo en la necesidad de hacer accesible a todos, los resultados de las investigaciones científicas. Que se hace? Para que sirve? Como puedo contribuir? Pienso que el trabajo multidisciplinario es la clave para proponer soluciones en pro de una sociedad justa, sustentable y equitativa.

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Bióloga y estudiante de Maestría en Ecología en la Universidad Estadual de Maringá. Las pequeñas acciones individuales son primordiales, pero sólamente cuando extendemos nuestro conocimiento para otras personas y unimos fuerzas es que, de hecho, podemos revolucionar el mundo.

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Soy microbióloga y trabajo con la generación de nuevas alternativas para el procesamiento saludable de alimentos mediante el uso de aditivos naturales. Espero poder compartir este conocimiento y aprovechar las experiencias de otras personas. Por eso creo en el reto de comunicar con un lenguaje sencillo todo lo que se crea en la academia.

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Publicista, fan del lenguaje escrito y audiovisual. Creo que la ciencia, la tecnología, el arte y la comunicación tienen el poder de crear bienestar, toda vez que estén al servicio de la cultura, el cuidado del entorno y las causas más generosas.

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Rafael Franco Ferreira

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Físico y estudiante de doctorado en Física en la Universidad Estadual de Maringá (Brasil). Como entusiasta de la ciencia y la filosofía, creo que el conocimiento transforma el individuo y su cultura. Pienso que la socialización de las ciencias contribuye a crear una sociedad más crítica, justa e independiente de sus gobernantes.


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