2

Sobre murciélagos, pangolines y la COVID-19

folder_special

La COVID-19, así como otras enfermedades graves, tuvo su origen relacionado con la proximidad entre humanos y animales. Comprenda por qué podríamos no estar experimentando esta pandemia.



share Compartir expand_more

La cacería de Diana. El trabajo de Jan Fyt, fechado en 1650

No es novedad que el ser humano ha explotado la naturaleza de forma predatoria, muy por encima de su capacidad de recuperación natural. Deforestación, cambio climático, introducción y sobreexplotación de especies son solo algunos de los ejemplos de estas acciones. Todo esto ha generado una proximidad cada vez mayor entre personas y animales, y la historia muestra que este escenario no es benéfico para ninguno de los dos. 

No se puede evitar hablar de la peste negra, una de las enfermedades más temidas de todos los tiempos. Causada por la bacteria Yersinia pestis y transmitida por pulgas transportadas por roedores, causó la muerte de millones de personas en el siglo XIV. Se estima que hizo sucumbir entre 30-50 % de la población europea1, solamente entre los años de 1347 y 1351. 

En esa época, las personas atribuían los flagelos de la peste a factores sobrenaturales como el castigo divino y demonios, pues aún no se sabía de la existencia de agentes infecciosos como los virus y bacterias. Claro, ellos no se podían detectar a simple vista, y el primer microscopio solo sería inventado dos siglos más tarde por el holandés Zacharias Janssen.

El Triunfo de la Muerte. Obra de Pieter Bruegel, 1562
El Triunfo de la Muerte. Obra de Pieter Bruegel, 1562. Según estudiosos, sería una representación de la desolación causada en Europa por la epidemia de la peste negra al final de la Edad Media. / Imagen: Wikimedia Commons 

Así como la peste, muchas otras enfermedades que se originaron del contacto inadecuado con animales han asolado a la humanidad. Esas patologías son denominadas zoonosis, formalmente definidas por la Organización Mundial de la Salud (OMS) como “Enfermedades o infecciones naturalmente transmisibles entre animales vertebrados y seres humanos”. Son otros ejemplos de zoonosis, enfermedades como la rabia, el ébola, el VIH, la leptospirosis, la H1N1 (gripe porcina) y la más reciente protagonista de una pandemia: la COVID-19.

Esta enfermedad ("Covi" es la abreviación de coronavirus; “d” viene del inglés disease que se traduce como enfermedad; y 19, del año de su surgimiento, 2019) tuvo como epicentro la ciudad de Wuhan, en la China, aparentemente en un pequeño mercado local.  

Relectura de la obra
Viajeros usan máscaras contra la COVID-19

La dolencia es causada por el virus SARS-CoV-2, también conocido como “nuevo coronavirus”. Existen otros tipos de coronavirus ya conocidos como el MERS-CoV, identificado en 2012 y causante del Síndrome Respiratorio del Oriente Medio (MERS, por sus siglas en inglés), y el propio SARS-CoV, que surgió en el año 2002, causando centenares de muertes por medio del Síndrome Respiratorio Agudo Grave (SARS, por sus siglas en inglés). 

El virus de la pandemia que asola el mundo actualmente, tuvo su origen en murciélagos que son conocidos reservorios de variedades diferentes de coronavirus. 

Los murciélagos pueden ser depósitos naturales de agentes infecciosos

Todavía no se sabe con certeza como el nuevo coronavirus habría alcanzado a la especie humana. Una de las grandes apuestas es que el pangolín, un mamífero silvestre con el cuerpo recubierto por escamas, hubiera sido el puente entre los murciélagos y los seres humanos.

Pangolín en una reserva de África del Sur

Existen ocho especies de pangolines en el mundo, distribuidas en el África SubsaharianaB y en Asia. El pangolín malayo (Manis javanica)2 y el pangolín chino (Manis pentadactyla) son especies que podrían haber actuado como agentes facilitadores de la transferencia del virus para los humanos. Ambas especies tienen distribución próxima a la ciudad de Wuhan (Ver mapa).

Distribución del pangolín malayo (A) y del pangolín chino (B)

Según la Unión Internacional para la conservación de la Naturaleza (IUCN, por sus siglas en inglés) ambas especies están críticamente amenazadas de extinción. Por este motivo, son animales protegidos por la ley. En China, la venta de pangolines puede ser castigada con más de 10 años de prisión3. Aun así, su tráfico es una práctica frecuente, especialmente por su carne y escamas. En la medicina oriental china existe la creencia de que partes del animal serían útiles para el tratamiento de enfermedades de la piel, artritis y desordenes del ciclo menstrual3.

Tráfico ilegal de pangolines

En caso de que se confirme que el nuevo coronavirus fue, de hecho, transmitido por el pangolín, quedará comprobado que, si no existiese explotación ilegal de este animal, la pandemia de COVID-19 simplemente no existiría. Por eso, es importante no culpar a los murciélagos, a los pangolines o a cualquier otro animal por las zoonosis que afectaron a la humanidad, porque tienen su papel y son esenciales en la naturaleza. Los verdaderos responsables son los seres humanos y su relación tergiversada con los recursos naturales y su biodiversidad. Por lo tanto, es necesario repensar muy cuidadosamente la proximidad y contacto con animales, especialmente animales salvajes.

Además de las medidas estratégicas necesarias para el incremento del sistema de salud mundial, para combatir zoonosis es fundamental el fomento de otras acciones como: mayor fiscalización del comercio de productos de origen animal, fortalecimiento de la inspección sanitaria y la intensificación de prácticas de higienización. Así mismo se debe realizar un control severo de las actividades de caza, comercialización y consumo de animales silvestres (que sea prohibido siempre que sea posible, salvo excepciones como en el caso de poblaciones indígenas aisladas que necesitan del recurso para subsistencia).

Somos testigos de la irrupción de una zoonosis que resultó en una pandemia, la COVID-19. Piense en cuantas vidas habrían sido salvadas sin las zoonosis, cuantas familias no hubieran sido desgarradas, cuantos ciudadanos no tendrían sus derechos vulnerados. No podemos cerrar los ojos. Si no cambiamos la forma en que interactuamos con los recursos naturales, tarde o temprano, un nuevo agente infeccioso podría brotar en una feria, un mercado, una carnicería o una esquina cualquiera.  

Referencias

  1. Kirsten I. Bos et al. (2011). A draft genome of Yersinia pestis from victims of the Black Death. Nature, 478, 506-510.
  2. Tommy T. Lam et al. (2020).  Identifying SARS-CoV-2 related coronaviruses in Malayan pangolins. Nature https://doi.org/10.1038/s41586-020-2169-0.
  3. David Cyranoski. (2020). Did pangolins spread the China coronavirus to people? Nature doi: 10.1038/d41586-020-00364-2.

Foto

Raffael Tófoli

emailraffael.tofoli@revistabioika.org

Biólogo y profesor. Las actividades de investigación y docencia fortalecen cada día mas, mi impulso por una educación mas inclusiva y de mayor calidad.

Foto

Aleja Vélez Denhez

emailaleja.velez@revistabioika.org

Me intereso por el estudio y desarrollo de tecnologías que contribuyan en disminuir el impacto ambiental de nuestras acciones cotidianas. Creo que compartir el conocimiento es un deber de cada investigador, y crear consciencia del impacto que nuestras decisiones tienen sobre la salud del planeta es un paso necesario para su preservación.

Foto

Ana Marcela Hernández Calderón

emailana.hernandez@revistabioika.org

Comunicadora social y periodista de la Universidad de la Sabana con 19 años de experiencia en el área editorial. Estoy convencida de que entender a nuestra madre Tierra y descubrir toda su mecánica de vida, nos puede dar pistas y motivación para cuidarla. Por eso es indispensable que todos podamos acceder a esta información.

Foto

Ángela Gutiérrez C

emailangela.gutierrez@revistabioika.org

De acuerdo con mi formación en la educación pública, creo en la necesidad de hacer accesible a todos, los resultados de las investigaciones científicas. Que se hace? Para que sirve? Como puedo contribuir? Pienso que el trabajo multidisciplinario es la clave para proponer soluciones en pro de una sociedad justa, sustentable y equitativa.

Foto

Carolina Gutiérrez Cortés

emailcarolinagc@revistabioika.org

Soy microbióloga y trabajo con la generación de nuevas alternativas para el procesamiento saludable de alimentos mediante el uso de aditivos naturales. Espero poder compartir este conocimiento y aprovechar las experiencias de otras personas. Por eso creo en el reto de comunicar con un lenguaje sencillo todo lo que se crea en la academia.

Foto

David González

emaildavid.gonzalez@revistabioika.org

Publicista, fan del lenguaje escrito y audiovisual. Creo que la ciencia, la tecnología, el arte y la comunicación tienen el poder de crear bienestar, toda vez que estén al servicio de la cultura, el cuidado del entorno y las causas más generosas.

Foto

Gustavo H Zaia Alves

emailgustavoalves@revistabioika.org

Soy biólogo y profesor, con pregrado y doctorado en la Universidad Estadual de Maringá, y una pasantía en la Universidad del Norte de Texas (EUA). Creo en la educación inclusiva y accesible a todos; derribar las barreras de la academia para que el público tenga acceso a las investigaciones relevantes, es el punto de partida.

Foto

Isabela Machado

emailisabela.machado@revistabioika.org

Bióloga y Comunicadora social, especialista en periodismo, con especialización en Comunicación empresarial. Cursa maestría en Tecnologías limpias y sustentabilidad. Con experiencia científica y profesional en Ecología acuática, educación ambiental, sustentabilidad, periodismo ambiental y asesoría de prensa.


library_books Versión PDF


¿Tiene algo para decir? Comente

Las opiniones aquí registradas pertenecen a los internautas y no necesariamente reflejan la opinión de la Revista Bioika. Este es un espacio de convivencia, por lo que nos reservamos el derecho de eliminar aquellos comentarios que se consideren inadecuados. ¡Gracias por participar!


event_available Lanzamientos

loyaltySuscríbase


notifications_none Recientes


folder_special Favoritos


Origen de la Revista Bioika